Qué pena. Qué pena que un acto tan simbólico se haya diluido por la falta de previsión. Qué pena la desidia. Qué pena que la unidad por la que tanto lucharon los Padres de la Patria siga ausente en algunas celebraciones. Qué pena el olvido. Qué pena que el homenaje por el Día de la Escarapela y la entrega de la réplica de la Bandera de Macha se hayan realizado el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar, pero con actos distintos, como si uno no tuviera nada que ver con el otro. Qué pena la falta de coordinación. Qué pena que las autoridades hayan participado en uno de esos actos, pero no en el otro. Qué pena la desunión. Qué pena que la ceremonia de la escarapela se haya hecho bajo un sol despiadado, en vez de organizarse a la noche o en el amable patio de la Casa Histórica. Qué pena la desconsideración. Qué pena que las mujeres vestidas de época hayan tenido que aguantar semejante escarnio. Qué pena la señora que se descompuso. Qué pena que, a causa del calor, los turistas pasaran de largo sin detenerse a disfrutar de una ceremonia tan simbólicamente rica. Qué pena el apuro. Qué pena que en medio de los actos las comparsas hayan vuelto todo un verdadero carnaval. Qué pena la burla. Qué pena encontrar tiradas a lo largo de la peatonal las escarapelas que se habían repartido durante el acto. Qué pena la falta de respeto. Qué pena que ningún funcionario haya sentido pena.